El ser consumista implica cierto funcionamiento psíquico. Una manera de explicarlo es como la consecuencia de una carencia, una falta percibida que está allí, en el interior del sujeto.
Se consume de más por meras necesidades narcisistas de compensación. “Consumo porque si no, me siento incompleto” o “Consumo porque si no, me siento ajeno a la sociedad”. El comportamiento de consumo extremo, es decir, la adicción a la compra o compra compulsiva, es fundamentalmente un problema de autoregulación.
Las personas que tienen altos niveles de comportamiento compulsivo hacia la compra han reportado la urgencia irresistible de comprar y un sentimiento de pérdida de control cuando lo hacen. Pueden continuar comprando y tener un sentimiento de pérdida de control . Lo hacen a pesar de las consecuencias adversas, como el endeudamiento (d’Astous, 1990; Dittmar, 2004; O’Guinn & Faber, 1989, Rose, 2007). El consumidor compulsivo acumula crecientemente cosas que no tienen ninguna utilidad. Se compra en el momento para atender al principio del placer, de manera irreflexiva y muchas veces con dinero que tardará años en pagar, con sus respectivos intereses a los bancos.
Existe una idealización de la riqueza y el lujo que se integra desde la más temprana edad al ideal del yo. Se debe tener para “ser”. Esto se ve favorecido por las intenciones de lucro de muchos capitalistas y por los medios masivos de comunicación que éstos pagan.
Por ejemplo, existe el fenómeno de la despersonalización del servicio del comerciante al consumidor en las tiendas de autoservicio. El uso de tarjetas de crédito complementa esta acción comercial. Todo es impersonal (Lipovetsky, 2007). Si bien es cierto que el consumidor es cada vez más autónomo para decidir, esto ocasiona que la desinformación o la falsa información haga que se compren cosas que no se necesitan o que se caiga en fraudes.
Los individuos antisociales que sacan provecho de la desinformación al consumidor pululan. El Estado no puede ser complaciente con ellos, pero lo es, debido a la corrupción e impunidad de la clase política y a que ésta se ve favorecida por los fraudes al consumidor. Por ello es importante que el consumidor tome sus decisiones de compra con la mayor información y que se formen redes de información ajenas a la mercadotecnia. Redes de consumidores para los consumidores.
d’Astous, A. (1990). An inquiry into the compulsive side of normal consumers. Journal of Consumer Policy, 113, 15–31.
Dittmar, H. (2004). Understanding and diagnosing compulsive buying. In R. Coombs (Ed.), Handbook of addictive disorders (pp. 411–450). New York: Wiley.
Lipovetsky G. (2006). La Felicidad Paradójica. Barcelona, Anagrama, 2006.
O’Guinn, T. C., & Faber, R. J. (1989). Compulsive buying: A phenomenological exploration. Journal of Consumer Research, 16, 147–157.
Rose, P. (2007). Mediators of the Association Between Narcissism and Compulsive Buying: The Roles of Materialism and Impulse Control. Psychology of Addictive Behaviors. 2007, Vol. 21, No. 4, 576–581.
viernes, 25 de julio de 2008
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